
El prestigioso productor de contenidos de cine y televisión Pablo Iraola nos habla sobre su participación en la asesoría para proyectos cinematográficos con vocación internacional. Este evento, organizado el pasado mes de junio por Europa Creativa Desk MEDIA Euskadi en colaboración con el Festival de San Sebastián, estuvo dirigido a productores con proyectos de largometraje en fase de desarrollo o preproducción.
¿Cómo fue tu participación en la jornada de asesoramiento?
Estuvo muy bien. En un principio queríamos saber cuántos directores vascos podrían estar interesados en participar en el curso, y finalmente se apuntaron 12 personas. La idea era escoger seis pero, ante el interés suscitado, me preguntaron si podía trabajar con nueve. Acepté, e incluso posteriormente mantuve contacto con los cineastas de los trabajos no seleccionados. El asesoramiento consistía en dos horas de reunión en las que analizábamos los proyectos artísticamente, técnicamente… Con el resto mantuve al menos una charla telefónica para ver si les podía ayudar de alguna manera.
¿En qué consistió el taller?
El objetivo de estas sesiones era reflexionar sobre cómo armar mejor los proyectos y buscar una coproducción internacional. Es importante ver dónde se puede ir a buscar los socios, quiénes pueden estar interesados… También dedicamos tiempo a conocer qué características debería tener el proyecto para ser elegible, a analizar sus puntos flacos y fuertes con vistas a una futura expansión. Por eso recibí toda la información con anterioridad, para poder analizar cada proyecto y preparar las reuniones más convenientes para cada uno.
¿Cómo se organizaba la sesión?
Eso dependía de cada proyecto. Como los había analizado con anterioridad, cada reunión era diferente, porque se trataban aquellos aspectos en los que más les podía ayudar. También había mucha diferencia entre las reuniones que pude hacer de forma presencial y las que tuvieron lugar online. En las presenciales todo era más fluido, más personal. Los zoom, bajo mi punto de vista, son más impersonales. Se pierde mucho el contacto, las conversaciones espontáneas… se genera otro tipo de vínculo cuando uno coincide de forma presencial.
¿Qué tipo de trabajos encontraste?
Había coproducciones más obvias y otras menos. Cada proyecto es un mundo; es lo que tiene este sector, que no se puede generalizar porque cada trabajo es totalmente diferente al anterior o al siguiente. Había propuestas más simples, más íntimas y trabajos con una visión ambiciosa. Obviamente, también había diferencias en el grado de experiencia de la gente. Noté que existe un gran interés en hacer cosas nuevas y en salir del País Vasco. Algunos documentales tratan temas propios de la cultura, lo cual los limita más a nivel de interés internacional, salvo que sea una temática muy conocida. La verdad es que encontré mucha variedad entre los trabajos presentados.
¿Cómo ves el nivel del sector audiovisual vasco?
Yo creo que la televisión pública vasca tiene una gran influencia en muchos trabajos porque financia muchos proyectos. Y, por otro lado, el idioma. Que estén en euskera hace que sea muy limitado, salvo que se cuenten los temas más internacionales. También creo que cada vez hay más interés en tratar temas más abiertos. La clave está en cómo incluir eso en la política de las autonomías, donde obviamente la representación de la cultura propia tiene una gran influencia, y donde el interés de las televisiones públicas de la zona no está necesariamente dirigido a la internacionalización. Tienen otra política de selección. No es ni mejor ni peor, simplemente es diferente, más orientada a lo local.
¿Cómo se sabe si un proyecto es internacionalizable?
No hay un manual. Todo productor de cine o contenidos desearía encontrar la fórmula mágica. Yo llevo más de 20 años trabajando en este mundo, con 50/60 contenidos producidos entre cine, cortos y largos… y no la conozco.
¿Qué consejos les diste?
Hubo casos más obvios de posible internacionalización. Por ejemplo, había proyectos que tenían relación con los viajes transfronterizos con Francia, y en ese caso una coproducción es mucho más sencilla. Pero había otros muy complicados, más relacionados con buscar el socio adecuado en canales de televisión de algunos países que sabemos que tienen gusto por cosas más exóticas fuera de su cultura. Los escandinavos, por ejemplo, tienen interés en coproducir proyectos que no exclusivamente tienen que estar filmados por ellos. En lo audiovisual hay que ir caso a caso; las necesidades son diferentes.
¿Qué balance general realiza del curso?
Creo que algunos trabajos estaban muy bien presentados y que tienen muchas posibilidades a nivel internacional. Me parece que las productoras vascas, en los últimos años, han desarrollado una industria con gente de mucho nivel; han ido creciendo mucho.
A nivel personal, ¿en qué proyectos estás trabajando ahora?
Estoy en la sexta semana de rodaje de una serie que es para la televisión pública, y vengo del Festival Venecia, porque participamos con una película en coproducción con Francia, Alemania y Palestina. También estoy con la postproducción de dos documentales y dos ficciones que filmamos el año pasado y que los estamos terminando. Para 2021 estoy preparando una serie de 10 episodios para la televisión pública, y también tengo dos películas. Gracias a Dios tenemos muchos proyectos para los próximos dos años.
¿Cómo os ha afectado la COVID-19?
Ha afectado mucho, como a todo el mundo. Hay que crear protocolos, se ha encarecido todo, se ha gastado una cantidad de dinero importante. Es necesario mantener higienizado continuamente el set y todos los lugares, adquirir los productos, las mascarillas, que todo el mundo se acostumbre a trabajar con ellas... Por ejemplo, en la parte en la que los actores tienen contacto entre ellos, no pueden salir escenas muy íntimas, hay que falsearlas… Nos hemos tenido que adecuar. Hay que recomenzar, no nos podemos quedar parados, porque si te quedas quieto te come el león.